domingo, 12 de noviembre de 2017

el viento

Como Leonardo Dicaprio en The Ravenant: me caigo, me hacen daño, me pongo de pie y vuelvo a caminar.
Las chicas siempre me dejan pero los amigos están.
El que tiene el temblor, el que patina la ciudad, el de los mil edificios y el que no encuentra donde laburar. El mozo y el que se viste de mujer de noche. El que escribe guiones y el que ya no está. El que ama el fútbol y el que odia la cuidad. El que vive en el mar y le enseña a sus pibes a surfear. El que viaja mucho y el que nunca salió de acá. Los amigos que miran la luna y aman meditar. Los que están enamorados de estar muriéndose y a nadie hacen mal. Amigos monógamos y amigos que solo estallan viendo a su mujer con otros estallar. Todos haciéndolo con todos re enamorados de la muerte. Una lotería de enfermedades tropicales. Amigos que venden y amigos que compran. Amigos pastores y amigos ovejas. Siempre todos enamorados de la muerte. Dicen cada cosa que no podes creer, recomiendan libros y países. Aman el cine. Aman morirse. Los amigos son más de mil y siempre están armando un rompecabezas difícil de entender. De repente llego a un estacionamiento.
Hablo con el tipo, que maneja el lugar, me comenta que viene de Paraguay. Y obvio es del club de los enamorados de estar muriéndose. A veces hace frío en octubre y la gente ama hablar del clima. Aman jugar al truco y aman la lotería. Aman perderse en Netflix y aman predecir cosas raras. Ovnis lamentables paran por combustible en una estación de la pana.
Y mientras tanto uno sigue al margen de la nada. Reviviendo escenas edulcoradas con gusto a nada. Recaer es bello. Recar es todo. Recaer es simétrico.
Tengo mil datos en el bocho. Creo que vienen de cuando niño y leía la Enciclopedia Británica. Los linkeo y los conecto, pero cada día que pasa más me olvido de la voz de los que amaba. Daría todo el tiempo que tengo para que en mi cabeza suene la voz de mi abuelo. Pero ya no soy nada. Soy el viento. Más me mareo más te siento. Soy el viento, soy el viento.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Saludos desde Texas

Lo estaban haciendo en Texas.
Dady y Cindy, que tenía una enfermedad tropical que se había pillado haciéndolo en un vagón de tren con Sharon.
Dady estaba siempre anclado en el presente. Con el rollo ese de la respiración que había aprendido en el Tíbet.
Dady cuando se mareaba lograba equilibrio en el movimiento. Una voz en su cabeza le decía : "sos el viento, sos el viento".
De repente llegaron a un estacionamiento. Esos gigantes que hay afuera de un casino o un estadio.

miércoles, 7 de junio de 2017

Dady traduce

Buscaba libros viejos traducidos del inglés al español. Libros que usaban palabras tipo: tío, capullo, colocon, polla, chute y enrolado. Traducía de memoria de vuelta al inglés. Luego en su casa ponía discos viejos y devolvía las palabras al castellano. Intercambiaba párrafos y veía nacer nuevas obras.
Quedaban cosas como: hacia todo por dinero mientras viajaba y anotaba en una libreta que lo podían llamar Ismael. Tormentas, nubes y faros de neón que en la tormenta invitaban a las parejas swingers a buscar nuevas cimas. Por quién doblan las campanas? Por el viejo y el mar. Citas imposibles de marineros ciegos en asilos mentales. Lagrimas en la cara del Replicante que se mezclaban con gotas de una lluvia radioctiva. Chicas tecno japonesas. Miles de barcos varados en una bahía oscura. Faros lelos distantes confundidos por algoritmos que respondían al ejército de una lógica asimétrica imperfecta.
Dady no hacía más que traducir y decodificar idiomas perdidos.

martes, 30 de mayo de 2017

Meseta emocional fulera post amor

El amor se dio re suave charlando en bar con velas en la mesa, Massive Attack de fondo.
Nos contamos nuestras vidas editadas. De donde veníamos, amores incendiados, pasiones sin salida, odios familiares, triunfos laborales sobre la hora, dar todo y recibir en dosis homeopáticas. Viajes, errores, victorias, dolores, muertes de piezas claves. Beso urgente con miedo. Garche re fin del mundo sin forro.
Entender que valía la pena construir. Me hablo de la música y las películas que la modificaron. Comentamos libros, pintores y series. Nos gustaba el punk, el soul, el jazz. Amábamos el mar, Tokyo y apostar a un futuro en el espacio. Autores rusos ,vampiros, y apostar sin lógica a derrotas seguras. Derrotas románticas, civilizaciones en coma. Letras fundamentales de los Clash y María Marta Serra Lima. Toda esa bosta de la poesía cruel de no pensar más en uno.
Al principio vivimos en casa. Meses después nos mudamos a nuestro Idaho personal.
Bebíamos, cogiaamos, nos medicábamos, nos mimábamos. Viajes, hongos, trios, siempre Cash y Marvin Gaye de fondo. Levantarse con la conciencia limpia. Mirarnos a los ojos. sabiendo que el desierto estaba ahí morfandose las horas.
Jugar a la sobriedad, a comer sano. A ignorar por conveniencia nuestras miradas vacías, secas. Miradas muertas que fingían entusiasmo.
Llego la época de cartearse, de medicación solitaria. Desayunos zombies con frutas tropicales para camuflar horas kamikazes que intentaban garcharse sin forro al tiempo que nos gritaba que la felicidad venía con fecha de vencimiento.
Íbamos a museos y salíamos a comer con amigos.
Yo pasaba tiempo solo en el baño tomando líneas, pastillas y duchas eternas.
Vos hablabas con ese macho del pasado que te había re cagado, pero te cogia como nadie.
Discos de Cher para evitar ver que los caminos se abrían.
Volví a beber. Deje de dormir. Te miraba dormir deseando que no te despiertes.
El juego de las lagrimas. Y el tic tac de la bomba que nos arrasaría siempre sonando de fondo.
Violencia, odio, bronca. El dolor de pisar de nuevo las minas que siempre estuvieron enterradas.
Eso.

martes, 31 de enero de 2017

Pasajeras en trance

No sé cómo por un trabajo que ella tenía que hacer tuvimos que volar a Francia.
Ella resolvió sus temas laborales en París y luego decidimos ir al sur. Recorrer bodegas, comer conejos, gansos y mil cosas más con unas salsas poderosas.
Alquilamos unas motos y visitamos castillos y pueblitos quedados en el tiempo. Una especie de Sillycon Valley pero de quesos y fondues. Casas de colores y viejitos amables que de tan apasionados en el fondo creo que estaban embolados.
Yo quería algo más Transilvania . Quería bailar con gitanos fuera de sí.
El concepto de tour culinario no es lo mío. Trate de convencerla pero ella estaba feliz sacando fotos de viñedos y parejas de viejitos.
Una noche me metí en internet e intente ver dónde había algo de acción. Algún castillo tipo la Historia de O, o mínimo donde se juntaban los fans del Marqués de Sade. Alguna máquina vieja de la Inquisiscion o similar. Terminamos en un bar SWINGER medio decadente. Me gusto enseguida.
Obviamente enseguida llamamos la atención de los parroquianos que andarían en los cincuenta largos.
Conocimos a Madame Rosy y luego de unas copas nos invitó a su casa. La única regla: ojos vendados y desnudas. Solo una capa nos cubría. Me calenté al segundo.
Intuí luz de velas y que varias personas nos miraban.
Madame Rosy me llevó a una habitación. Y otra persona se llevó a mi novia.
Me pusieron una especie de lazo al cuello con una arandela. Me acosté en una cama de piedra. El frío contra mis pezones me los puso de punta. Por los murmullos note que había mucha más gente en la habitación. Unas manos ásperas y arrugadas comenzaron a masajearme. Primero fueron dos, luego se fueron sumando. Todo fue muy gradual. Sabían lo que hacían. Cada tanto me preguntaba por mi amiga hasta que finalmente no pude más . Estaba siendo besada, chupaba y acariciada por todos lados. Luego comenzaron las penetraciones. Era como tener sexo con un pulpo. Creo que explote más de 15 veces. Hasta que caí rendida y unas manos jóvenes me bañaron.
Al otro día me junte con mi novia en el hotel. Y sin decirnos nada nos garchamos un año y medio.

viernes, 20 de enero de 2017

Dos chicas en Indonesia

Llegamos a Indonesia vía Europa en vuelo de Turkish.
Teníamos reservada una habitación en esas chozas sobre el agua.
Para llegar ahí metimos bondi, taxi y luego un barco.
Nos recibió un tipo en pollera y nos dio un trago de bienvenida.
Obvio tomamos mil tragos más y unos australianos nos habilitaron fasin y miramos como se iba el sol requete puestas.
Esa noche nos dormimos abrazadas luego de una sesión sexual más bien clásica.
Yo me desperté tipo 4 de la mañana porque soñé con no sé que bosta de que se estaba incendiando el pelo de mi abuela muerta adentro del jonca. Y obvio el jonca también se quemo y tenía que llamar a los bomberos y no encontraba el teléfono.
La mire dormir y me calenté un toque. Le hice un mimo para despertarla pero no acusó recibo.
Me fui a la compu y empecé a mirar fotos, leer tuits y esas cosas.
A la mañana un señor en pollera vino en canoa hasta la cabaña en el mar y nos dejó frutas, café y un champagne. Medió entonadas nos fuimos a nadar en bolas.
Vimos peces de colores y pájaros. A la hora volvimos a la choza y pinto el sexo. Ella después se puso a leer un libro. Le gustan unos libros imposibles. A mí me gustan los de espías internacionales que se van matando por el mundo. Tipo Jason Bourne.
A la tarde nos subieron a un barco lleno de europeos re pasados . Íbamos a ver focas o delfines. Más que eso enfocamos en unas suecas que se partían.
A la noche tomamos un extasís líquido y nos fuimos con las suecas a la selva. Había luna casi llena y obvio entre las 4 habremos acabado 70 veces siete.
Vimos la salida del sol desde la choza. Obvio alguien puso ese jazz semi tecno re pedorro pero estuvo bien.
Después despachamos a las suecas y me puse a escribir en la compu. Anotaciones random.
Me reía sola por qué me acorde que trate de explicarles la canción Puerto Pollensa.
CONTINUARA

jueves, 5 de enero de 2017

Foto en loop.

Un corazón que late. Onda todo el tiempo.
Bajar, bajar y más bajar.
Te acordas cuando eras joven?
Un circo antiguo era el reloj. Como sea siempre había un reloj dinamitando el tiempo.
Una manada de lobos helados ladrándole a una luna helada.
Todas tus cosas ahí juntas lamentándose todo el tiempo, parecía que algo podía llegar a pasar.
Casi asuntos de todo tipo y color estallando desde algún lugar y todo el tiempo.
Pasabas como el viento. Silbabas queriendo decir algo.
Alfombras de nieve insinuando.
Agujeros negros diciéndonos que el infinito se repetía una y otra vez.