miércoles, 18 de junio de 2014

I bless the rains down in Africa by @adelfanotdead


¡Sombra terrible de Roger Milla, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus botines, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo!
No soy Sarmiento sino un mamerto que morfa papas fritas mientras mira el partido de Camerún. Más allá de la goleada por un equipo croata lleno de jugadores con cara de miembros de algún escuadrón de la muerte, veo a negros tristes.  
Camerún sorprendió al mundo en Italia 90’ con una mezcla de fútbol anarquista, inocencia y patadas criminales. Nos embocaron a nosotros que veníamos de ser campeones del mundo con un salto de Omam Biyik de como 4 galaxias.  Se dedicaron a pasarse la pelota, tirar lujos sin responsabilidades, a veces hasta se olvidaban que del otro lado había arcos. Pero, principalmente, regalaron patadas. Una en el pecho a Maradona que fue una obra de arte. Ni que hablar de esa sinfonía a la violencia innecesaria que fue esa carrera de Caniggia con dos patadas que no llegaron a voltearon y una tercera demoledora que le hizo perder el botín al camerunés. Roja y cara de circunstancia, de “me discriminan por negro”. Eliminaron a los colombianos con Roger Milla, un casi cuarentón convocado por presión del presidente del país, que bailaba un proto meneaíto en el corner. Tuvieron contra las cuerdas a la Inglaterra del borrachín Gascoigne, David Platt y ese Daniel San crecido que es Gary Lineker. Lo perdieron 2-3 por mandarse todas las inocentadas juntas. Parecían no entender ni las reglas y eso los hacía adorables. Se fueron ovacionados dando la vuelta olímpica en cuero. Se los conoció como “Los Leones Indomables”. No sé Locke, Hobbes o Rousseau tenían razón sobre cómo era el hombre antes de vivir en sociedad y creo que es una pajereada propia de tipos que no levantaron una pala en su puta vida. Pero en aquella época para mí el buen salvaje usaba tapones de aluminio. Te tiraba un caño y si podía una patada al mentón.
24 años después nada queda de esos leones indomables. Al león le pusieron saco y corbata y lo mandaron a trabajar a una oficina. Ese Nigeria del 96’ que nos ganó los Juegos Olímpicos a nosotros (Sensini otra vez en la foto) fue un ejemplo lamentable. Se volvieron como el resto. Fueron comprados por los equipos de Europa y los domesticaron. Ahí mientras tomaban un cafecito que parece brea al lado de la máquina de café escucharon las fórmulas de los demás. Y ahí están. Cumpliendo horario de oficina. Sin tirar un caño, sin meter un lujo al pedo, sin pegar una patada al pedo en donde le rompe el fémur en ocho al rival. Nos dejaron de servir. Hoy en un momento rajaron a uno por una trompada. A Song. Redemption Song. Pero fue una piña de atrás. Cagona, rastrera, de miserable que espera que su compañero de laburo se vaya para masacrarlo en el radiopasillo.
Por eso, como el mono Rafiki en El Rey León subiré a un risco levantando una pelota evocando a los espíritus y esos dioses inentendibles con forma de máscaras. Volved, volved a pegar. Mandad a la mierda a esta puta sifilítica que es la civilización que nada bueno les ha traído. Volved a jugar sin arcos, a tirar un taco innecesario en tu propia área chica a riesgo de un cagadón, de pegar un patadón poniendo de cara de “yo no fui”. Recordad a este tío que fue comido por algún guepardo. No olvidéis que vuestra la velocidad la habéis adquirido huyendo de alguna alimaña. Vienen de un lugar donde hasta las vaquitas de San Antonio son venenosas. Sé que una Lamborghini, las modelos y los millones pueden ser tentadores. Pero hay que volver a abrazar lo propio. Sois enfermedades venéreas. Aprovechad que esas enfermedad infunden temor en todos los demás.
Volved a ser África.

3 comentarios:

Chipi dijo...

Excelente

mango dijo...

Moe Boe.

Livio Leiva dijo...

Quiero agradecerte por haber escrito este maravilloso texto. Tiene una combinación hermosa de poesía y de humor en las proporciones exactas que lo vuelve realmente extraordinario. Lo he leído muchas veces y lo he propagado entre mi círculo de allegados en lo que me ha sido posible, y créeme que mucha más gente lo ha disfrutado. Es sencillamente precioso. Sinceramente muchas gracias.
Saludos.